Hadas, bollos de cuatro picos y machismo (Segunda parte)

Pan de cantos, llamado "cuarterón". típico de Extremadura y Baja Andalucía

(continuación ) Han pasado muchos años y no puedo dar demasiados detalles. No hacía frío ni llovía, aunque recuerdo que era un día muy nublado y que los prados estaban húmedos, de un verde intenso. Yo acompañaba a Alberto Álvarez Peña en sus andanzas por los pueblos asturianos, llamando a la puerta de cada casa y anotando las historias que nos quisieran contar sus habitantes. Andábamos por Soto, en Les Regueres, recorriendo una vega flanqueada de colinas boscosas, por una carretera sin arcén pero también sin coches. A aquella paisana ni Berto, ni mucho menos yo, la conocíamos de nada, pero ella nos recibió, nos sentó a la mesa y respondió a nuestras preguntas. Y yo estuve presente cuando contó esto:

Un chico de aquí, de Les Regueres, marchó a Madrid a trabajar y allí se encontró con un señor que le preguntó: «Y tú, ¿de dónde eres, chaval?» «De Asturias, yo soy asturiano» «Pero ¿de qué parte?» «De allá de xxx, del concejo de Les Regueres» «Y tú, ¿no sabías que en la cueva de la peña Ñava hay tres damas encantadas? Toma» y le dio tres bollos, tres panes de estos de picos, y le dijo: «llévate esto en el equipaje y ahora, por San Juan, vete a la cueva y dales estos panes a las damas, que te harán muy rico, pero ten mucho cuidado, escóndeselos bien a tu mujer, que es muy llambiona«.

El chico volvió al pueblo y escondió bien los panes, pero la mujer le registró el equipaje por ver lo que ocultaba y se los encontró, y quiso probar uno, le rompió el cuerno y empezó a sangrar por ahí. Entonces ella se asustó y cogió un palito, y lo clavó en el pan y así colocó otra vez el cuerno roto. Entonces el chico fue hasta la cueva y posó los panes, y salió una de las damas con una vara y toco el pan, y dijo «Levántate y anda», y el pan se convirtió en un caballo, y la dama le dijo al chico «Detrás viene quien paga», y la segunda dama salió con otra vara, toco el pan y dijo «Levántate y anda», y se convirtió en caballo también, y la dama se montó en él, marchó de la fuente y le dijo al chico «detrás viene quien paga».

Entonces la tercera de las damas encantadas salió cargada de riquezas, tocó el pan con su vara y se convirtió en un caballo cojo, y ella dijo «Con este caballo cojo no podemos desencantarnos». Pero le dio un regalo para la mujer de él, una cinta así, ancha, y él se la llevó pero por el camino fue desconfiado y le puso la cinta alrededor de un castaño y el castaño se rajó de arriba abajo.

Ángeles Sánchez Llana, «la Perdiguera», 82 años, de Sotu, concejo de Les Regueres, recogido el domingo 15 de enero 2006 por Alberto Álvarez Peña y por el autor.

A Berto le complació el detalle del “palito”, del que no conocía más ejemplos (usando una expresión muy suya, “es la primera vez que me sale”). Yo estaba jubiloso: era la primera vez que escuchaba, de labios de una informante, una auténtica historia de encantadas. Por lo demás, la conocía de sobra. El bollo que se convierte en caballo es muy corriente por Asturias y Galicia, y los folkloristas llevan encontrándoselo y publicándolo desde hace más de cien años.

A primera vista, los ingredientes son los mismos que en «La mujer serpiente». De nuevo una maldición, un hada atada a una cueva (o fuente o peña), un tesoro, y un hombre mortal. De nuevo fracasa el desencantamiento y de nuevo la poderosa señora de la cueva lanza una maldición. El tema subyacente, sin embargo, cambia. Si antes era la cobardía del hombre la que frustraba la liberación del hada, aquí la culpa la tiene la esposa llambiona. La mujer comiendo del bollo prohibido parece una parodia de Adán y Eva incluyendo el detalle de que, en ambos casos, la prohibición la escuchó el hombre, pero la castigada es la mujer.

Si ahondamos, aparecen más diferencias entre ambos mitos. La mujer serpiente ponía a prueba el valor del protagonista, mientras que ahora debe demostrar su paciencia y su autodominio. El control de los impulsos es otra virtud atribuida a los hombres, según los más antiguos tópicos misóginos. Si el bollo simboliza la unión sexual, como sugería Felipe Criado-Boado, entonces conservarlo intacto durante un año es una promesa de castidad y la glotonería de ella representa, en realidad, su lujuria.

En cuanto al regalo mortífero, puede ser una cinta, como en nuestro ejemplo, una faja o un pañuelo, según las variantes. A veces raja, a veces envuelve en llamas, a veces arranca el árbol y lo arrastra al fondo de la cueva o del agua donde habita el hada. En este curioso ejemplo allandés, el árbol perdura como prueba de la veracidad de la historia:

[…] y él envede subir la faja pa da-yla a la mujer, pónxola a un castaño. Al parecer, el castaño arrancóuse, y de focicos al pozo. Foise al pozo. Si la pusiera a la muyer, ¡qué nun sería! Él tuvo algo de picardía. Y fue el casteñeiro pal pozo, que a lo mejor ta hoy todavía, porque esos pudren mal. Había unos cuantos años todavía taba.

Narrador: Prudencio López, de 75 años. Bustantigo, concejo de Allande, 3 de agosto de 1997. Recogido por Jesús Suárez (Pedrosa 2016: 95)

La clave del mito es la oposición entre la encantada y la esposa, la humana y el hada. Si “La Mujer Serpiente” ridiculizaba al hombre, débil y cobarde ante la sexualidad femenina, “El Bollo de Cuatro Picos” castiga a la mujer por su imaginada indiscreción (un topicazo misógino mil veces repetido desde “La Caja de Pandora”) o bien por ser llambiona, metáfora de su apetito sexual. La tradición asturiana es bastante original en esta conclusión misógina: en otros países, suele ser el hombre mortal el que provoca la cólera del hada. Veámoslo en un ejemplo irlandés, anotado en el siglo XVI. He aquí el origen del clan Suibhne (Sweeney):

El hijo de Donnsléibhe era Suibhne, de quien el clan Suibhne toma su nombre. Suibhne era el más noble y más distinguido de los doce hijos de Donnsléibhe. Fue él quien construyó Castle Sween en Escocia. Un hijo de ese Suibhne fue Maolmhuire an Sparáin, ‘Maolmhuire el de la Bolsa’, y ese Maolmhuire es el antepasado de los tres clanes Suibhne.

Tenía una amante feérica, es decir, un hada era su esposa, y fue ella la que le regaló la famosa bolsa que se ha mencionado. Esta bolsa tenía la siguiente propiedad: cada vez que se abría aparecían un penique y un chelín en su interior. Y durante mucho tiempo Maolmhuire vivió así.

Pero al final los suyos quisieron darle otra esposa, y la que eligieron fue Beanmidhe, hija de Toirrdhealbhach Mór O Conchubhair. Y una gran flota partió a Irlanda, y los que la traían no descansaron hasta que llegaron a Sligo. Pasaron dos noches en la villa, y se llevaron con ellos a la dama.

Una noche, después de aquello, Maolmhuire estaba en Castle Sween, y el hada ya mencionada había prometido llevarle su hijo, y le había dicho que se mantuviese despierto para recibirla; pero cuando vino, no había nadie despierto en la casa excepto la hija de O Conchubhair. Y ella se sentó junto al fuego, y le preguntó si Mac Suibhne estaba despierto. La hija de O Conchubhair dijo que no, y le ofreció ropas para cubrir al niño. Y ella no las aceptó, sino que dijo que el sueño traería destrucción a Mac Suibhne, y a sus hijos después de él, y partió furiosa entonces, y nunca se la ha vuelto a ver. Nadie ha visto tampoco a su hijo jamás, es decir, Fearfeadha, salvo cuando venía a prestar ayuda al clan Suibhne en la batalla o en necesidad.

(Walsh 1920: 5, 7)

Poco tiene que ver esta historia, en apariencia, con el hada triple de Les Regueres. Si nos fijamos en su estructura, sin embargo, encontraremos una relación muy clara:

  1. El hada ofrece riquezas al mortal (el tesoro de la xana, la bolsa mágica)
  2. El hada impone una condición a largo plazo (mantenerse despierto para recibirla cierta noche, guardar un pan durante un año) que el mortal incumple
  3. Hay una oposición, a espaldas del hombre, entre la esposa mortal y la inmortal
  4. La conclusión, como ya adelanté, es distinta. En la leyenda nobiliaria irlandesa, es el hombre quien decepciona al hada, provocando consecuencias funestas.

Como ya conté más arriba, al tratar de “La Mujer Serpiente”, fue muy habitual durante la Edad Media que los nobles se atribuyesen alguna antepasada feérica, tratando de darle una pátina de misterio, de prestigio divino a su linaje.

(Continuará)

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